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11:36h. Miércoles, 20 de Septiembre de 2017

EL ÍNDICE SAR EN LOS TELÉFONOS CELULARES

El peligro está en nuestras manos

En Estados Unidos, un celular debe cumplir con la certificación de la Federal Communications Commision para comercializarse, cuya norma establece la Tasa de Absorción Específica en 1,6 watts por kilógramo

En el caso de las antenas-torre, no es la estructura en sí misma la que irradia, sino las pequeñas antenas situadas en su parte superior.
En el caso de las antenas-torre, no es la estructura en sí misma la que irradia, sino las pequeñas antenas situadas en su parte superior.

Pancartas, protestas, tomas de caminos, reuniones con alcaldes, son parte del denominador común de la instalación de una antena de telefonía celular, cerca de un colegio, asilo de ancianos, etcétera. Vecinos empoderados se asoman con sus carteles diciendo: “NO A LA ANTENA”. La prensa los acoge.

Diversos estudios demuestran lo nocivo de las ondas electromagnéticas sobre el cuerpo humano. Sobre todo las del rango del UHF (Ultra High Frequency) y de las microondas que irradian los teléfonos celulares. Rangos adscritos además para dispositivos bluetooth, routers inalámbricos, equipos de radioaficionados y en específico, algunos handys.

Por su manipulación muy cercana al cráneo y en especial alrededor de los ojos, se ha descubierto que la retina aumenta de temperatura al cabo de un rato de uso, generando un daño acumulativo irreparable de ésta. Sin embargo mucha de la energía (Radio Frecuencia) es absorbida por nuestro cráneo, lo que atenúa en parte éste proceso destructivo.

La Federal Communications Commission (FCC) o Comisión Federal de Comunicaciones de EEUU, aprueba normas y límites de uso de los dispositivos electrónicos que usan la radiofrecuencia como elemento principal. Uno de estos indicadores es el índice SAR (Specific Absorption Rate) o Tasa de Absorción Específica, que en el fondo define las unidades de energía cuantificables que absorbe el cuerpo humano. Según la FCC ésta no debería sobrepasar los 1.6 vatios por kilogramo (1.6V/Kg).

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Para el caso de las mujeres, portar el celular en un bolso o mochila, ya constituye una medida de protección.

 

Ahora bien, en Chile afortunadamente estamos muy por debajo de estos límites, lo que no implica tomarnos la norma a la ligera, o creer que estamos seguros que todo lo hacemos bien. Una cosa que recomiendan los manuales de nuestros celulares es leer detenidamente las instrucciones de operación (cosa que nunca hacemos).

Este indicador, corresponde a la potencia máxima con que un campo electromagnético de radiofrecuencia es absorbido por el tejido vivo. Resulta obvio pensar entonces, que la precaución principal radica en la seriedad con que leamos las instrucciones del próximo teléfono celular que decidamos comprar.

La aprobación de estas normas es fundamental para su comercialización. Nótese que todas las mediciones son realizadas con manos libres, (artilugio con cables) o sea, el teléfono (antena que irradia) lejos de nuestro cráneo. Mientras más alejado esté de nuestro cuerpo, tanto mejor. Los teléfonos, desde su encendido, siempre están emitiendo una señal de Radio Frecuencia, la que es acumulativa. Y sobre todo, implica un impacto en la zona del cuerpo donde llevemos o guardemos el aparato, ya sea el bolsillo de la camisa, del pantalón, etc. Las personas con afecciones cardíacas, que utilizan marcapaso, lo tienen prohibido. Las mujeres suelen utilizar la cartera, mochila o bolso. Esto no deja de tener una implicancia benigna para su salud. Lo más seguro resulta un estuche de cuero adosado al cinturón.

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El objetivo de las torres de telefonía móvil, es mejorar la transmisión de la señal.

El mito de las antenas-torres

"Sí, pero no en mi jardín"

Un tema expuesto, controversial y mal comprendido resulta el de las antenas de celulares. La gente - los usuarios -, sin saber definir los conceptos, muchas veces reduce por terceros, lo que genera incongruencias en el mensaje. Lo que habitualmente suele llamarse “antenas de celulares”, no son más que estructuras metálicas (torres) que sirven de soporte para encumbrar, en sus cotas más elevadas, las antenas de estos pequeños adminículos. Sus implicancias en nuestra salud a esa distancia de nuestro cuerpo está por verse aún.

Estas torres, permiten una mejor cobertura de señal, cubriendo mayores distancias y permitiendo un mejor servicio. Cada vez que son fiscalizadas por la subsecretaria de telecomunicaciones (Subtel) por los supuestos peligros a la salud (consecuencias de la radiación), terminan sin mayores antecedentes de conflicto, ya que sus emisiones radiantes, en la cota de la torre, no son capaces de sobrepasar los límites permitidos por la FCC. Se atenúan por la distancia, ya que no es la estructura-torre (esa mole inmensa que se ve amenazante) la que irradia, sino las pequeñas antenas que se encuentra en la parte superior del armatoste. Tampoco esos platos gigantes que a veces se ven, los cuales realmente son enlaces de servicio entre las empresas de telefonía, que sirven para encauzar el servicio entre portadores. Son extremadamente direccionales, por tanto comunican puntos específicos dentro de una cota determinada.       

Producto de todo esto, la mediática exposición de vecinos indignados queda en nada, y su asidero legal no perdura, ya que, según la norma vigente en Chile de máximos permitidos de radiofrecuencia, medidos en microwatts por cm² (μW/cm2), no superan los límites internacionales permitidos. Las mediciones son concluyentes, las antenas que irradian la señal están muy por debajo de estos niveles y su efecto en la salud humana está disminuida por la altura donde se encuentran las antenas, o sea en las torres.

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Muchas veces, las mayores molestias que provocan las antenas de celulares son de índole visual y estética.

Si viviéramos en las alturas de las torres, junto a las antenas, posiblemente sí padeceríamos consecuencias nocivas en nuestra salud por el potencial carcinógeno de los campos de radiofrecuencia producidos por las antenas de teléfonos móviles. Pero no vivimos arriba.

Su molestia y desagrado para la población deriva en algo visual y estético, junto al riesgo de caer sobre una casa a causa de temporales y terremotos, cosa que por su sólida y estudiada construcción pocas veces ha ocurrido.

El peligro real, sigue estando en nuestras manos (teléfonos móviles), por su tiempo de exposición. Recién en Italia se ha confirmado un caso de cáncer en el cerebro, debido a que su propietario pasaba más de seis horas diarias pegado al teléfono por razones laborales.    

¿Se ha fijado en las comparaciones con viejos aparatos celulares (ladrillos), donde éstos resultan muchas veces de mejor calidad en cuanto a señal y cobertura? Esto no es casualidad, muchos de estos aparatos mencionados con nostalgia, resultan ser de una potencia bastante superior a los actuales, lo que genera envidia y una comparación antojadiza, argumentando lo horrible de las actuales señales.

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Esquema de una red de telefonía móvil.

 

Sin embargo esto demuestra que los actuales terminales (teléfonos) usados están muy por debajo de la potencia máxima permitida, generando nuestra molestia cada vez que salimos de nuestro entorno urbano y nos encontramos sin señal. Producto que las señales hoy en día son cada vez más débiles, y debido a las estrictas normas, es que se requiere de una mayor cantidad de antenas que permitan una posta de relevos (repetidoras) mucho mayor. Por eso su proliferación en azoteas. Debido a éste fenómeno, es que existe una multiplicación de antenas en las cotas de muchos edificios, saturando visualmente el entorno cercano. Ni hablar de los lugares eriazos donde prolifera cada día más la instalación de torres.

Para mantener funcionando los servicios (a menor potencia) se requieren relevos más seguidos, (redundancia) resultando una mayor cantidad de antenas (saturación) para enlazar los troncales de las distintas compañías.

Los routers inalámbricos, usados para wifi, también resultan peligrosos en la medida que no sepamos ubicarlos físicamente. Muchos de éstos se instalan sobre la mesa del computador maestro que ocupamos, casi a la altura de nuestros ojos. Estos routers emiten en rangos de microondas, igual que los celulares. Su daño acumulativo está dado por la distancia al cuerpo humano, mientras más lejos de nuestro cuerpo se posicionen mejor. Su óptimo uso se encuentra seguido por advertencias en la parte inferior de la unidad y en las instrucciones de manejo, en las cuales casi nunca reparamos. Una forma de cuidar nuestro cuerpo de esta exposición permanente, sería instalando el router inalámbrico sobre una repisa lo más alejado de nuestro cuerpo, ojalá en altura. Esto disminuirá ciertamente nuestra exposición a la radiofrecuencia.

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Cada día es mayor el aumento de antenas instaladas en azoteas de edificios y zonas peri rurales, para cumplir la función troncal de enlace de la señal telefónica.

 

¿Usted sabe cómo hierve un vaso de agua, dentro del microondas?  Anímese y haga la prueba. Las moléculas son aceleradas de adentro hacia fuera, haciendo hervir el agua producto de la radiofrecuencia, en éste caso microondas. Nuestro cuerpo ésta constituido en un 70% por agua ¿Preocupante no?

Existe mucha información sobre las incidencias de la radiofrecuencia sobre el cuerpo humano y en especial la generada por los teléfonos celulares y aparatos relacionados.

Sin embargo nada es concluyente aún, salvo lo ocurrido en Italia recientemente. La verdad, sería escandaloso admitir que éstos directamente producen cáncer. Por eso existen normas a las cuales estos aparatos se adhieren, el leer éstas, es nuestra responsabilidad.

Lo más dañino sigue estando en nuestras manos, a nuestro alrededor, por eso le recomendamos que use los adminículos y herramientas que sugieren los fabricantes de los aparatos en las instrucciones, como la utilización de manos libres, la función de altavoz de nuestro móvil y fijarnos en la ubicación del router inalámbrico que tenemos. Todas, acciones sencillas de nuestra incumbencia y responsabilidad, que nos llevan a decirle que… ¡cuide su salud! DCC