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12:49h. Viernes, 15 de Diciembre de 2017

La dinámica del In-put/Out-put

"LO QUE EL TIEMPO NOS DEJÓ..."

Por Francisco Albarrán 

Fcoalba

 


El código binario es la base sobre la que se asienta todo el edificio tecnológico de la era digital. En esencia, en lenguaje informático el código binario nos remite a dos posibilidades: abierto-cerrado (0-1). Existe un impulso de entrada y otro de salida. Por otro lado, las ciencias económicas también han tomado de este código la paridad in-put/out-put, en este caso para aplicarlo en la binariedad (si así pudiera decirse) costo/beneficio. En tal situación, el impulso de salida tendrá que ser mayor al de entrada, si no, el negocio no funciona.

En la década de los ochenta - y sin duda, también antes y después -, abundó aquello que se dio en llamar prensa popular (incluso se creó para tales efectos, la Red de Prensa Popular). Boletines y revistas literarias, culturales, políticas, de DDHH, de mujeres, de pobladores, de sindicatos y un largo etcétera. Es decir, casi todos los grupos, asociaciones, sindicatos y casi cualquier organización, de las muchas que existieron, que representaban franjas más o menos precisas de elementos comunes e identitarios. Ahora bien, uno de los mayores logros al que aspiraban estas  publicaciones (en su mayoría) - o más bien sus modestas pretensiones - era poder sacar un anhelado segundo número, lo cual era lo que más costaba. En algunos casos se superó largamente esa meta..., muchas más quedaron en el camino… ¡Aparecer/desaparecer! (con toda la carga ignominiosa que la palabreja “desaparecer” tenía en ese contexto). Ser, dejar de ser. Mucho mejor lo planteó Parménides: “el Ser es, el no-Ser no es”. Occidente es dualista; binario: blanco/negro, bueno/malo, abierto/cerrado.

La entrañable película “Los paraguas de Cherburgo” (Jacques Demy, 1964), establece su nudo dramático, fundamentalmente a partir de dos situaciones: La partida de Guy (el protagonista masculino) a cumplir su servicio militar en Argelia, dejando a su prometida Geneviève embarazada y ayudando a su viuda madre en la atención de su pequeña tienda de paraguas. La tienda va mal, Guy está en Argelia y aparece en escena Roland, rico joyero que pretende a Geneviève. La falta de perspectivas optimistas en la marcha del negocio, la distancia y “el tercero en discordia” se confabulan. La tienda cierra, el amor se acaba o se reemplaza, lo cual es también una forma de muerte.

El espacio “Zaguán Arte & Libros”, era (qué triste se escribe y retiñe este “era”) un espacio que se la jugó por dar cabida a las distintas expresiones artísticas del Concepción metropolitano. La sola existencia de “Zaguán…” reveló varias cosas. Analicemos algunas de ellas: La precariedad de algo así como un “mercado del arte penquista”, el quijotismo sobre el que se asientan las diversas actividades culturales de la ciudad, la indiferencia mayoritaria ante iniciativas que buscan revalidar el tópico de “Concepción ciudad cultural”, entre otras.

Según palabras propias de quienes dieron vida a Zaguán, inscritas en la presentación del catálogo de la feria Ch.ACO 2015: “Zaguán Arte & Libros es una pequeña galería de arte y librería que se inaugura en el centro de la ciudad de Concepción el 12 de junio de 2014 con el objetivo de difundir, promocionar y comercializar arte contemporáneo, libros de arte y literatura de la Región del Bío Bío.

A cargo de Rosa Valdivia y Cristóbal Florín, se ha logrado instaurar un espacio mixto en el cual conviven las obras visuales de aproximadamente 22 artistas fijos y más de 100 títulos de autoría regional. Entre las principales actividades llevadas a cabo el primer año de trabajo, destacan las exposiciones de arte, charlas, seminarios, talleres, presentaciones de libros y catálogos, performance y ferias de arte”.

Los circuitos de arte son, casi por definición, elitistas. El origen y consecuencias de esto rebasa el marco de esta columna (lo que no obsta para que lo retomemos en otro momento), pero es revelador de la vocación en contrario sensu, que animaba esta particular iniciativa. Desde la variedad y diversidad de expresiones, sus valores y precios (como dice el catalán J.M. Serrat; “no hay que confundir valor y precio”), accesibilidad y “amigabilidad” del espacio físico; quiso acercar el arte y la cultura a públicos heterogéneos (aportando a la generación de nuevos espectadores-cultores). Masificar a fin de cuentas, en el contexto de la precariedad más arriba mencionada.

Se avanzó hasta donde se pudo (y harto se pudo), pero las lógicas del mercado mostraron una vez más, los límites hasta donde pueden llegar quienes quieren sustraerse a ellas, apostando por proyectos que potencien la creatividad, el pensamiento crítico y el sentimiento; en síntesis, el valor por sobre el precio.

La lógica mercantil de inversión/ganancias nuevamente lo hizo. Desplegó su particular versión in-put/out-put, encendido/apagado, abierto/cerrado. Pero en ese hiato entre lo que se abre y se cierra, ocurrió una experiencia que, siendo ya historia, hizo un aporte fundamental en la difusión, creación y recuperación del arte y la cultura desde Concepción.

Cerró “Zaguán Arte & Libros”. Es invierno en Concepción, llueve, hay frío, no sólo en el cuerpo… ¡También en el alma!