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11:33h. Miércoles, 20 de Septiembre de 2017

Antes de viajar cambiemos el paradigma

Por Carlos Flores Adriazola

Operador Turístico

 

Carlos_Flores

 

 

 


Antes de empezar a desarrollar cualquier comentario para referirme a los movimientos y al flujo de turistas que circulan por nuestras atractivas rutas hacia los bellos destinos de nuestra región (estén en boga o no), según mi análisis y experiencia empírica en la materia, escribir sobre turismo en Chile es referirse a la tercera fuente de recursos económicos que más aporta al PIB nacional, pues genera grandes beneficios para la población, que tal vez, a simple vista no se observan, pero que día a día van en alza en esta industria sin chimenea y que, en el futuro, debiera convertirse en el eje económico central que conecte culturalmente a todos los pueblos e individuos que habitan esta larga y angosta faja.

“A título personal, pienso que Chile debería ser una gran playa y centro de sky, con trenes de norte a sur y caminos costeros y andinos que lo recorran longitudinalmente de Arica a Magallanes. Con circuitos trasandinos y transpatagónicos, con grandes movimientos de cruceros fluviales y marítimos, hacia las miles y exóticas islas del fin del mundo.”

Desde el primer lustro de los 90’s, la oferta turística ha crecido exponencialmente en conjunto con el retorno a la democracia y el desarrollo sacramental del neoliberalismo exportado a todo el mundo desde nuestra particular versión “chilean way”. Nuestro sistema económico, si bien ha incrementado la demanda del turismo emisor, no ha sido la única causa del auge de esta industria en el país (desde 2004, Chile se ha transformado en el tercer destino más visitado de Sudamérica). La explosión del modelo, más la emigración de chilenos hacia el mundo, en conjunto con un trabajo más técnico por parte del Estado, a través de organismos como SERNATUR, PROCHILE y el MINISTERIO DE ECONOMIA FOMENTO Y TURISMO, han posibilitado la creciente afluencia de una gran masa de turistas y visitantes de todos los rincones del planeta, que prefieren nuestros paisajes y culturas por sobre otros destinos. También debemos destacar la importancia de factores como las familias chilenas en el exilio, el boca a boca de nuestros viajeros, los medios de comunicación, las redes sociales e Internet. Toda esa información ha ido enriqueciendo la oferta del producto Chile”. Por otra parte, nuestro turismo receptivo es fundamental a la hora de planificar el desarrollo económico en todos los niveles (comunal, provincial, regional, y nacional).

En lo concerniente a nuestra región, sus aún cuatro provincias están supeditadas a un “plan estratégico productivo” implantado desde el poder político y económico central, que ha condenado a sus recursos naturales a la depredación, como consecuencia de las operaciones de empresas forestales, pesqueras, siderúrgicas, hidro y termoeléctricas. Por lo mismo, esa mirada centralista de la planificación turística nacional, resultará inconveniente para el desarrollo paritario de todo el territorio, hasta que algún gobierno la deseche motu proprio, o hagamos la suficiente fuerza ciudadana y empresarial desde acá, para exigir que la autoridad la modifique, puesto que esa visión no ayuda al desarrollo de las múltiples iniciativas de emprendedores en nuestras comunas. Peor aún, si se siguen potenciando proyectos altamente contaminantes, de todos los cuales ha sido cómplice nuestra precaria legislación medioambiental, nuestro país carecerá de toda normativa moderna relativa a turismo y preservación del medioambiente, que ampare y proteja nuestros recursos de intereses particulares y económicos que se antepongan a los bienes comunitarios históricos, urbanos y rurales, que conforman la riqueza y diversidad de nuestro patrimonio eco y etno-turístico.

Nuestra región, con su variedad de atractivos y gran gama de productos autosustentables en ciernes, ha sido rotulada como “turismo de negocios” desde aproximadamente 40 años a la fecha, sosteniendo que…: “empresarios de toda índole y de distintas partes de Chile y el mundo, vendrían a cualquier lugar de nuestra región a una determinada actividad empresarial. Estarían una o dos noches, ocuparían cierta infraestructura hotelera y luego se irían, dejando buenas divisas por ser a la vez un TURISMO SELECTIVO de características específicas.” Si bien eso es un dato estadístico duro ratificado por el INE, en la praxis esto es más común en el Gran Concepción, ya que por su parte, las provincias de Ñuble, Biobío y Arauco, se caracterizan por el turismo de montaña, rural, etnográfico e histórico, lo que echa por tierra esta definición economicista y utilitaria impuesta a la región desde la capital.

Desde los inicios del nuevo milenio y específicamente a partir del 2010 con la reconstrucción, se han registrado numerosos avances de forma natural. Han sido cambios de paradigmas asociados a los gustos e intereses de los turistas, a mayores emprendimientos turísticos en distintas partes de la región, mayor infraestructura post 27/F, mayor difusión, aumento exponencial del flujo turístico entre visitantes de las propias provincias y de la región, junto a turistas nacionales y extranjeros que prefieren la zona del Biobío. Sumado a esto, el fenómeno migrante, que si bien no es turístico propiamente tal, atrae población flotante de posibles visitantes y turistas desde los respectivos países de origen.

Ante el escenario turístico actual, todos estos cambios tal vez ayuden a sacarnos aquella añeja y nimia rotulación de “turismo de negocios”, la que no contempla el reconocimiento a la gran diversidad de atractivos y recursos que componen el "producto región". Con miras a un futuro plan transversal de desarrollo de la oferta receptiva de esta actividad, las necesidades empresariales identitarias de la industria, deberán enfocarse hacia nuestras comunidades y reemplazar el formato de turismo de negocios por los de turismo de montaña, de playas, de historia, de pueblos originarios y de biodiversidad, que en conjunto, conforman nuestro genuino patrimonio turístico regional.

Necesitamos un plan estratégico y económico más democrático y representativo para un mayor y mejor desarrollo identitario, autosustentable, preservador y regulador de la actividad turística a nivel comunal, provincial y regional. Como para poder seguir soñando con una actividad turística que sea fiel reflejo de aquella vieja tonada: “Y verás como quieren en Chile al amigo cuando es forastero”.